Historia de Gárgoles de Abajo

 

En Gárgoles de Abajo se encuentran vestigios de diferentes épocas históricas: un puente romano por el que posiblemente pasaba la calzada entre Segóbriga (Saelices, Cuenca) y Segontia (Sigüenza) y que fue modificado en la Edad Media; las innumerables cuevas que existen en la población, que datan del siglo XI  y XII,  y que son obra de los árabes, así como los restos de una antigua iglesia románica  bajo la iglesia del S.XVII.

Tras la reconquista de la comarca, a fines del siglo XI, perteneció al Común de Villa y Tierra de Atienza, rigiéndose por su Fuero.

Varios siglos estuvo bajo el  mando de los Reyes de Castilla, y en 1434 fue donada por Juan II  a Don Gómez Carrillo, hombre de la Corte. El hijo,  Alfonso Carrillo, lo vendió en 1475 a Don Juan de Silva, Conde de Cifuentes, que lo incluyó en su señorío y en la jurisdicción del Concejo de la Villa de Cifuentes.

En “Las Relaciones Topográficas de España: relaciones de pueblos que pertenecen hoy a la provincia de Guadalajara” que mandó llevar a cabo Felipe II en 1580 para elaborar un censo (Archivo Histórico Provincial de Guadalajara),  se pide información sobre “si el dicho pueblo es antiguo o nuevo, y desde que tiempo aca esta fundado, y quando se ganó a los moros”…””si es ciudad o villa desde que tiempo aca lo es…”

La Contestación o Relación de los vecinos de Gárgoles en ese mismo año manifiesta que  era “un pueblo antiguo, entonces aldea bajo la jurisdicción de la Villa de Cifuentes”.. Se nombra al Reino de Castilla  y se añade que estaba entre Alcarria  y Serranía. Hubo conflictos entre las poblaciones de Cifuentes y de Gárgoles, llegando a obtener  Gárgoles el privilegio de Villazgo en el siglo XVII.

La economía de Gárgoles de Abajo se vio enriquecida cuando en 1774 el obispo de Sigüenza, Juan Díaz de la Guerra, fundó y construyó una avanzada fábrica de papel fino de en Gárgoles de Abajo, aprovechando el gran caudal existente en el nacimiento de La Fuente de los Leones y del salto del río Cifuentes.

El obispo decidió  en 1777-78 arrendársela por veinte mil reales anuales a D. Santiago Grimaud, nacido en Orán (Argelia) e inventor de varios tipos de papel.

La Fábrica constaba de dos edificios separados, uno llamado el Molinillo donde se hacia la pasta para el papel, y el otro, junto al camino hacia Trillo, en donde se fabricaba el papel y a donde se transportaba en caballerías. También producían papel fino que lo vendían para hacer el periódico de La Gaceta de Madrid.

En 1793 el Obispo donó los beneficios de la fábrica al hospital de los pobres de San Mateo de Sigüenza. Carlos III dijo que dicho obispo “sabía desempeñar al mismo tiempo las obligaciones de pastor de almas y de buen ciudadano”.

Cronistas de la época como Antonio Ponz y Eugenio Larruga dicen de este molino que  "labró papel de varias suertes " y que ese era “el modo de ocupar las gentes en exercicios útiles a la nación”.

En la pared de la Fábrica de papel había un escudo del Obispo con la mitra y flores de lis.

Jovellanos en su viaje a Trillo hizo parada en la fábrica y elogia la inteligencia de su director Grimaud,  así como elogia también el finísimo y blanco papel.

La Fábrica daba mucho trabajo a la población, que a finales de siglo XIX  tenía 700 habitantes. El papel era de gran calidad y podía competir con los mejores de España y Europa.

La Fábrica se incluyó en la Desamortización de los Bienes Eclesiásticos de 1835 y fue eclipsada por la pujanza de la de Gárgoles de Arriba. Y el 12 de enero de 1900 el edificio se incendió. 

RuedaRuinas de El  Molinillo y La Fábrica de papel 

 

La segunda fábrica la fundó en 1880 D. Julián Sastre, que había estado trabajando casi una veintena de años en otra de Zaragoza y visitando otras fábricas en Francia.

Hasta 1908 producía papel de colores en papel continuo y fino y papel paja.

Cuando murió D. Julián le sucedieron hijo y nieto, y la fábrica se especializó en papel de estraza, basto, barba o de envolver.

Este molino se movía con rodete (ya no con palas), en 1941 se puso una turbina, y en 1954 ya funcionaba con dos turbinas.

Ocupó una casa y molino que había pertenecido al Monasterio de Santa María de Óvila.

En el mismo paraje  hubo un antiguo batán que perteneció también al Monasterio de Óvila, en donde el agua movía una gran rueda.

La fábrica funcionó hasta el 19 de agosto de 1979 cuando se jubiló D. José Batanero.

Tuvo momentos de esplendor llegando a tener una treintena de obreros y producción de 5.000 kg diarios de papel.

Hoy la fábrica está abandonada entre zarzas, saucos y  choperas.

Fábrica de papel2ª Fábrica de papel de D. Julián Sastre

 

Además de las fábricas de papel otros vestigios testimonian que Gárgoles de Abajo ha sido una población emprendedora, como son los restos del Molino de Aceite o Almazara, que en su día llegó tener una gran producción. También quedaron registrados en 1845 por Madoz un molino harinero, horno y posada.

Restos MolinoRestos del Molino de Aceite o Almazara en una finca privada.

Cuenta Gárgoles con un considerable número de antiguas casas solariegas que dan fe de su noble pasado.

De la casona-palacio que en el siglo XVI poseía en el pueblo un hidalgo llamado Pedro Guerra, con torreones esquineros y aspecto de fortaleza ya nada queda.

Sin embargo en la Plaza de D. Juan Béjar existe todavía una gran casona del S.XVII con puertas y herrajes, cúpula  y decoraciones barrocas en su interior, así como enrejados antiguos. Está es en parte propiedad privada, y en parte municipal, destinada hoy a Centro Social.

Así como también queda en la plaza alguna casa con balcones de madera, y en el  Parador, la casona que fue la Posada con grandes portones y balconadas.

CasonasCasona del S.XVII y Casona que fue Posada en el Parador

También podemos encontrar en varias calles emblemas y blasones eclesiásticos  ya que aquí hubo sede inquisitorial y también casa de la Orden de Calatrava para acoger a los caballeros de la Orden y proteger a los peregrinos del Camino de Santiago (Camino de la Lana).

EscudosCalle Mayor, Escudos y Blasones eclesiásticos Calle Cuatro Calles y Calle La Iglesia

Naturales de esta localidad fueron el impresor establecido en Madrid, Manuel Martín, acreditado editor y comerciante de libros de la Corte; y el doctor  y maestro don Antonio Marqués y Espejo, eclesiástico y autor de varias obras de teatro y novela.

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